Reflexión de fin de año 2019

Buenos Aires, 16 de diciembre 2019.

Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos serán primeros.

(Evangelio de Mateo, 19:30)

El año que culmina no ha sido un tiempo fácil para nuestro país. El crecimiento de la pobreza y el hambre ha golpeado fuertemente a muchos sectores de nuestra sociedad, especialmente a la niñez y los mayores. Aumentaron los conflictos sociales, la desocupación, la desatención a los sectores más vulnerables, el femicidio, el desprecio hacia quienes son marginados y el resquebrajamiento de las redes solidarias en muchos espacios. No se han protegido debidamente los bienes de nuestro suelo y vemos un deterioro en el cuidado del medio ambiente. El endeudamiento, estatal y de las familias, y la especulación financiera nos ha hecho un país más pobre, y se ha acentuado la desigualdad. Las políticas del neoliberalismo y el monetarismo nos afectaron no solo económicamente sino también en cuanto a nuestro sentido de humanidad. Y lo mismo ha ocurrido y conmovido a otros países de América Latina, incluso quebrando el orden democrático.

Ha crecido en muchos un sentimiento xenófobo, se manifestó la soberbia del poder, la agresión y la mentira. El tiempo electoral expuso aún más fuertemente prejuicios, el desprecio y aún el odio por el diferente. Ciertos atropellos y crímenes de las fuerzas de seguridad y la desconfianza en el poder judicial acrecentaron el sentimiento de una falta de justicia, que lleva a la desesperanza.

Sin embargo, nuestro pueblo no desesperó de los caminos de la democracia, se mantuvo en cauces pacíficos, mostrando sus opciones a través de las urnas. Y así como hubo dolorosos casos de amenazas y corrupción, también hubo ejemplos de búsqueda de consensos y reconstrucción de las expectativas por un país más justo e igualitario.

Llegamos al fin del año con la asunción de un nuevo gobierno nacional. Su programa propone superar muchos de estos males y promete atender principalmente a “los últimos”. Oramos para que así sea, ya que desgraciadamente en otras ocasiones promesas similares han sido incumplidas. Como Federación de iglesias evangélicas hemos de acompañar, con nuestra acción de servicio y disposición a colaborar, con nuestra oración y buena voluntad toda iniciativa que ayude a preservar la vida de los más débiles y a superar el odio y el prejuicio. No buscamos poder ni imponer nuestra fe al conjunto del pueblo, sino el bien de todos en libertad y justicia. Queremos que se honre la verdad y la búsqueda de la paz. Por ello queremos afirmar en todo tiempo el mensaje de amor de Jesús, la buena nueva y la Palabra profética que nos inspira. La justicia de una nación se aprecia en la forma en que viven los más humildes de sus habitantes. Acompañamos la oración que expresara nuestra hermana la pastora Sonia Skupch en el acto interreligioso de Luján el pasado 8 de diciembre:

Dios de todos los tiempos, fuente de Paz, de Justicia y de Esperanza.

Te damos gracias por permitirnos estar hoy en este día aquí y poder expresar nuestra fe en libertad y sin miedo.

Te agradecemos por tu misericordiosa presencia en la vida de cada uno de nosotros y nosotras y en la vida de nuestro pueblo.

Te agradecemos por tu Palabra contenida en la Biblia, en donde el salmista escribe:

“El amor y la verdad se darán cita,

la paz y la justicia se besarán,

La verdad brotará de la tierra

Y la justicia mirará desde el cielo”.

Inspirados en tu Palabra, reconocemos, Dios nuestro, que hay paz cuando hay verdad y cuando gobierna la justicia. Por eso expresamos nuestro anhelo de que en nuestra Argentina haya justicia y paz para todos aquellos que la habitan.

Que haya justicia y paz en los hogares, en las familias.

Que haya respeto y tolerancia por las diferentes culturas, pensamientos, tradiciones, formas de vivir y de entender la vida, el mundo y la fe, formas de expresar y vivir la propia identidad.

Te pedimos que como nación podamos ser solidarios con aquellos que menos tienen, los crucificados de nuestros tiempos, aquellos cuyos derechos son vulnerados día tras día. Pedimos especialmente por las mujeres que sufren violencia, por los niños y niñas, por nuestros pueblos originarios.

En vísperas de un cambio de gobierno te pedimos por las autoridades salientes y entrantes de nuestra nación, para que gobiernen con sabiduría, con justicia y con misericordia.

Fuente de justicia y de esperanza: permita que, así como lo dicen los profetas, la justicia fluya para que así la paz pueda anidar en nuestra sociedad, permitiendo una vida digna para todas y todos.

En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, lo pedimos. Amén.

Por la Junta Directiva de FAIE

Anibal Vasalli                          Juan A. Gutiérrez          Néstor Mìguez                   

Secretario                              Vicepresidente 1º               Presidente

Rechazo ante los hechos de violencia sucedidos en nuestra hermana República de Bolivia

Buenos Aires, 11 de noviembre de 2019

                                                               Ante los hechos que desencadenaron el Golpe de Estado contra el gobierno del ex presidente Evo Morales, las iglesias integrantes de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas manifestamos nuestro  más enérgico rechazo a  la violencia utilizada para interrumpir  el orden  institucional democrático del hermano Estado Plurinacional de Bolivia y reclamamos  que prontamente  se arbitren los medios necesarios que den lugar a la recuperación de la paz social y el  orden institucional del Estado de Derecho.

                                                               También  exigimos que se garantice la integridad del  ex presidente Evo Morales, de su familia, como así también de quienes fueran miembros de  su gobierno.

                                                               En otro orden de cosas, como iglesias cristianas  evangélicas nos duele y preocupa el avance de grupos que haciendo mal uso del nombre de Dios y de distintos símbolos religiosos promueven y justifican fanáticamente discursos y acciones cargadas de odio e intolerancia así como inaceptables  prejuicios raciales y denostación a los pueblos originarios de nuestro continente.

                                                               El Nombre de Dios no debe ser usado para maldecir y lamentablemente esto está ocurriendo. Oramos al Señor para que prontamente haya justicia y paz. 

Por la Junta Directiva

Néstor Míguez

Presidente FAIE

La Iglesia Evangélica no llega a la TV Pública

Desde hace tiempo las iglesias evangélicas (plural) venimos pidiendo que los medios públicos den un espacio como el que tienen otras confesiones y  comunidades religiosas, contemplando y considerando la pluralidad de iglesias, asociaciones y movimientos que forman parte de la tradición evangélica. La actual decisión de la Televisión Pública de otorgar este espacio a una sola de las agrupaciones religiosas evangélicas no cumple con este pedido.

En primer lugar, no existe “una iglesia evangélica”. El movimiento evangélico es plural, diverso, y las distintas iglesias evangélicas tienen, como todas las confesiones religiosas, diferentes concepciones teológicas sobre muchos puntos. Así han participado históricamente con variados énfasis en cuestiones que hacen a la vida social y expresado diferentes conceptos y miradas sobre nuestra realidad nacional.

El otorgamiento de este espacio a la Federación ACIERA es una decisión política tendenciosa, que impone una discriminación frente a otras expresiones de la fe evangélica. Las iglesias con más antigua presencia histórica en el país no integran esta agrupación. ACIERA, si bien agrupa a un número significativo de iglesias, ha expresado posiciones dogmáticas y doctrinales que distan de tener consenso entre los evangélicos. El pueblo de nuestro país y el público televisivo tienen derecho a saber que el programa de la TV Pública llamado “Buenos Noticias” no es expresión de las iglesias evangélicas sino de una particular parcialidad de las mismas y que hay otras miradas teológicas que hacen a la tradición y presencia evangélica en nuestro país y en el mundo.

Por eso consideramos que las iglesias evangélicas no tienen un espacio en la televisión pública y continuamos con nuestro reclamo para que los medios estatales reconozcan la pluralidad y abran este espacio a las diversas expresiones evangélicas en el país.

          Néstor Miguez

Presidente      

Los evangelios, los evangélicos y la agenda pública

Buenos Aires, 23 de julio de 2019

 

El crecimiento de las iglesias evangélicas en América Latina en tiempos recientes ha hecho más visible su presencia pública. Pero cabe señalar que las iglesias y creyentes evangélicos, varones y mujeres, han participado activamente en la vida social y política, especialmente en las áreas de  educación, salud, servicios sociales, derechos humanos, acompañamiento a los pueblos originarios, libertades cívicas, actividad sindical, cultura y deportes, resguardo de la naturaleza, entre otras, desde el nacimiento de nuestro país. La lista de nombres (incluso mártires) y sus acciones sería muy extensa, aunque desconocida para gran parte del público. Desde la comprensión del Evangelio, desarrollaron iniciativas progresistas que generaron avances transformadores y positivos de nuestra sociedad.

Sin embargo, vemos con preocupación que en los últimos años los medios informativos han destacado, no siempre con acierto,  la actuación de algunos personeros o entidades evangélicas que han expresado sus posiciones en materia relativas a género y aborto, seguridad y otros asuntos mayormente en términos absolutos y polémicos, obviando la realidad que no todos los evangélicos sostenemos las mismas opiniones en estos temas.

Según los evangelios, Jesús no expresó posiciones extremas en temas de moral sexual. Es más, cuando pusieron delante de él una mujer acusada de adulterio, evitó condenarla, rescatando así  su vida[1]. En cambio, fue extremadamente duro con el rico que ignoraba al pobre que dormía en la calle frente a su puerta2, y con quien no quiso compartir sus bienes con los pobres3. Jesús vuelca las mesas de los que especulaban con el cambio de dinero y quienes hacían negocio con la religión4, acentuando en sus enseñanzas que “el que quiera ser grande debe servir a los demás”5.

Otros textos bíblicos mencionan las cuestiones de género, pero en un marco de afirmación de la vida y la justicia. Son indicaciones para las comunidades creyentes y no leyes que hay que aplicar al resto de la sociedad6. Son opciones desde la fe, y no un impuesto moralismo fariseo.

La “agenda pública” de Jesús queda anunciada en su invocación profética: “Buenas noticias a los pobres, sanidad a los enfermos, consuelo a los sufrientes, libertad a los cautivos y liberación de los oprimidos”7. Jesús sanó8, enseñó y alimentó a multitudes9, todo gratuitamente y sin exigencias. No fueron solamente discursos sobre valores: fue su práctica cotidiana. En su última enseñanza a sus discípulos antes de su asesinato por parte del Imperio, señala la continuidad de su presencia en el alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, recibir a los extranjeros, vestir al desnudo, visitar enfermos y presos10.

En términos actuales, podemos decir que Jesús acentuó sus enseñanzas vinculadas con la igualdad de todas las personas en su dignidad, la justicia social, especialmente en términos de alimentación y hábitat, salud, educación, los derechos humanos, personales y sociales y la solidaridad con y entre quienes padecen, así como el uso responsable y compartido de los bienes y recursos naturales. Por cierto entendemos y alentamos el compromiso de los creyentes evangélicos en el ámbito público y en la política, según sea su vocación. Pero a la vez entendemos que estas siguen siendo las prioridades para quienes tenemos el compromiso de anunciar “el Reino de Dios y su justicia” para todas las naciones.

Por la Federación Argentina de Iglesia Evangélicas

Néstor O. Míguez

Presidente


[1]  Juan 8:1-11; también Lucas 7:37-50; 2 Lucas 16:19-33; 3 Lucas 18:18-25; 4 Mateo 21:12-13; 5 Mateo 20: 26; 6 véase, por ejemplo, 1ª Corintios 5:10-13; 7 Lucas 4:18-19; 8 Marcos 1:14; 9  Marcos 6:34-44; 10 Mateo 25: 31-46.

Comunidades religiosas de nuestro país acercan reflexión al inicio del proceso electoral

En torno a la fiesta patria del 9 de julio, los representantes de las comunidades religiosas de nuestro país, acercamos estas reflexiones previas al inicio del proceso electoral. Elegimos esta fecha porque como comunidades creyentes valoramos hondamente las tradiciones. De las raíces viene la fuerza que nos hace crecer, florecer y fructificar.

En las fechas patrias cantamos en el himno: “Oíd el ruido de rotas cadenas”. Aquí no hay solo memoria del pasado, sino un anhelo de libertad. Estamos cantando un deseo, un sueño. Y la memoria de esta fecha es a la vez recuerdo de que no hay libertad sin fraternidad. Porque “nuestras” guerras de la Independencia son las mismas que condujeron a las independencias de los países vecinos y hermanos. El pueblo argentino nace en el espacio fraterno de la solidaridad latinoamericana que no puede ser borrado de la memoria histórica. Un pueblo que a lo largo de más de dos siglos se ha enriquecido por las diferentes migraciones, con sus riquezas culturales y religiosas.

Elegir autoridades nos pone frente a la inmejorable ocasión de entablar un diálogo acerca de nuestro presente y nuestro futuro, que represente la esperanza que tenemos para nuestro país. La cultura del diálogo como camino, el respeto del otro como conducta, y el tener dentro de cada proyecto a los que más sufren la pobreza y la exclusión como criterio y método, deben ser prioridades. No hay verdadera libertad sin fraternidad, y esta no se da sin la concreta realización de los derechos sociales.

El proceso electoral no debe significar una crisis, ya que es simplemente algo que ocurre indefectiblemente en las democracias. Ahora bien, es necesario revitalizar la democracia, no reduciéndola a un acto eleccionario. La democracia se atrofia, pierde representatividad, se va desencarnando si deja afuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad y en la construcción de su destino. La política colabora para que el pueblo se torne protagonista de su historia y así se evita que las llamadas “clases dirigentes” crean que pueden dirimirlo todo.

A quienes aspiran a la responsabilidad que implica una candidatura, les pedimos presentar con claridad y realismo sus ideas y proyectos, sin caer en agresividades innecesarias que terminan desacreditando las propuestas. La política es la vocación más alta del hombre en comunidad y nos permite construir la anhelada fraternidad. Debiera revestir un carácter altruista y no reducirse a desprestigiar a los adversarios ni a un juego superficial de intercambios vanos. Podemos hacerlo.

La transparencia y honestidad personal, junto a la transparencia en el rol institucional de cada uno de los poderes tiene una relación indisoluble con el bienestar y la confianza de los ciudadanos. El funcionamiento deficiente de los poderes produce un alto costo social. El poder judicial en particular no debe dejar duda alguna de su plena independencia y desvinculación del ámbito político.

En asignaturas nodales, que constituyen el eje de las diversas problemáticas presentes en nuestra nación, y si queremos empezar un verdadero camino de recuperación, hay que salir de una vez por todas de la era del diagnóstico. Todos y cada uno de los habitantes de este

país sabemos que: la pobreza estructural, el narcotráfico, la creación de empleo, el cuidado de la vida, la crisis ambiental, la educación inclusiva, la inflación, la reivindicación de los adultos mayores y la protección absoluta de la niñez, son temas que se resuelven con políticas de estado más allá de la alternancia, entendiendo que los logros de cada período deben tener continuidad. La nación ya ha sido fundada, no se refunda ni cada cuatro ni cada ocho años.

Como comunidades creyentes podemos afirmar que la gloria de Dios es que el ser humano viva, es decir que se realice, que salga adelante, que crezca, que se desarrolle. Como hombres y mujeres de fe en el Dios Misericordioso, tenemos un compromiso profético en nuestro mundo de hoy. Nuestra tarea es ayudar a recordar que detrás de las cifras – a veces parecen preocupar sólo si suben demasiado-, y de las crisis, hay rostros, nombres e historias. Esto en una invitación permanente a poner en el centro de la acción social y política a las personas más desfavorecidas. Solo así será posible la amistad social y la fraternidad.

Monseñor Oscar Ojea, Presidente, Conferencia Episcopal Argentina (CEA)

Pastor Rubén Proietti, Presidente, Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA)

Pastor Néstor Míguez, Presidente, Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE)

Doctor Jorge Knoblovits, Presidente, Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA)

Sumer Noufouri, Presidente, Instituto Islam para la Paz

RESPUESTA A LA CARTA DEL PRESIDENTE DE LA NACIÓN

Buenos Aires, 8 de mayo de 2019

Sr. Presidente de la Nación Argentina

Ing. Mauricio Macri

S_/_D:

De nuestra consideración:

Hemos recibido con fecha del 6 de mayo del corriente año su carta con una invitación a acordar sobre ciertos puntos de consenso, mayormente referidos a cuestiones económicas.

En primer lugar, queremos reconocer positivamente el hecho de haber sido incluidos en esta convocatoria. Las iglesias evangélicas hemos sido ignoradas muchas veces cuando se han hecho llamamientos similares, y no deja de ser auspicioso que de esta manera se reconozca la pluralidad y diversidad religiosa en nuestro país. Es un camino que debemos seguir recorriendo hasta que se complete la plena libertad e igualdad religiosa.

También valoramos la búsqueda de consensos, puntos de partida comunes para la construcción de nuestro país. Sin embargo esos consensos no pueden ocultar que hay una pluralidad de enfoques posibles, intereses en pugna, situaciones sociales y culturales diversas que deben reflejarse en la amplitud de tales acuerdos. Insistir en que “hay un solo camino y es este” no permite luego elaborar un diálogo más fecundo. El primer punto de todo diálogo y consenso es establecer la agenda abierta de ese diálogo. Esperamos que ese diálogo se de y podamos participar del mismo.

Ya que se nos invita a expresarnos en torno de este posible acuerdo, aprovechamos para señalar nuestra posición, desde el Evangelio de Jesucristo, en torno de algunos de estos puntos, sin entrar en todos los detalles.

En cuanto a la legislación laboral y el sistema previsional, sin duda son perfectibles; la cuestión es la orientación con la cual han de modificarse. El Evangelio nos recuerda la dignidad de los trabajadores (1ª Timoteo 5:18) y el deber de cuidado de nuestros mayores (Levítico 19:32). Las recientes modificaciones legales en nuestro país y otros, por el contrario, han significado limitaciones de derechos laborales (que también son derechos humanos) y un perjuicio tanto económico como en otras prestaciones para nuestros mayores. Entendemos que toda reforma debe revertir esto y apuntar a mejorar la situación de nuestros trabajadores y las personas mayores.

En cuanto al respeto de leyes y contratos, por cierto que debe ser así. Pero desgraciadamente nuestro país conoce una lluvia de acusaciones cruzadas que revelan altos índices de corrupción, tanto en gobiernos anteriores como en el presente, que obligan a cuestionar la legitimidad de muchos de estos contratos y las modificaciones de las leyes por decretos de conveniencia.

Otro punto significativo es el décimo, el compromiso con los acreedores. Cabe recordar que hay una ineludible deuda social para con los sectores más postergados de nuestro pueblo. Nuestra primera deuda es con más de la mitad de los niños y niñas de nuestro país que viven en situación de pobreza y con necesidades básicas insatisfechas. No se puede pagar una deuda financiera con el hambre de nuestros niños y niñas: va contra toda ética evangélica, que por el contrario, reza por el “perdón de las deudas” y el camino de la gracia, tanto en lo espiritual como en lo económico (Deuteronomio 15:1-11).

Por lo demás, hay cuestiones técnicas o de política económica que son instrumentales y sobre las cuáles cabe diversidad de opiniones entre el pueblo evangélico. Lo que sí podemos reafirmar, a la luz del Evangelio, es que toda economía debe centrarse, no en el dinero (el apóstol Pablo nos recuerda que “el amor al dinero es la raíz de todos los males” –1 Timoteo 6:10– y que “la avaricia es idolatría”–Colosenses 3:5), sino en el ser humano, a quien Dios ama y en quienes se encarnó en Jesús, el Cristo, que se nos hace presente en los más débiles y vulnerables (Mateo 25:31-46). La  justicia de una nación se ve en cómo trata a los más humildes de sus habitantes.

Para nuestra fe bíblica el punto de partida es la acción de Dios mismo:

“El Señor hace justicia a los agraviados, y da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos; abre los ojos a los ciegos; Dios levanta a los caídos y ama a los justos. El Señor guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda sostiene, y trastorna el camino de los injustos” (Salmo 146: 7-9).

Le saludamos atentamente

Por la Junta Directiva de FAIE

Anibal Vassalli                   Néstor Míguez

Secretario                            Presidente