Declaración frente a imposiciones religiosas en las escuelas públicas

Encabezado cartas FAIE

Buenos Aires, 27 de agosto de 2013

Declaración frente a imposiciones religiosas en las escuelas públicas

Provincia de Salta: Imposición de la enseñanza y festividades Católico-romanas

Provincia de Mendoza: Celebraciones patronales en las escuelas del Estado

Las iglesias de tradición evangélica representadas en la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas reafirmamos, en esta oportunidad, como ya lo hicimos en otras, nuestra continuidad en una activa participación en la vida espiritual e institucional de nuestro país, de la cual venimos formando parte desde los inicios de la gesta patria. Efectivamente, un largo proceso histórico nos trae a este punto para reforzar nuestro reclamo por una plena libertad e igualdad religiosa en nuestro país. Así como en otros momentos debatimos sobre otros temas, y asumimos otros reclamos como propios en solidaridad con quienes han padecido discriminación, persecución o violación de sus derechos básicos como seres humanos, hoy presentamos nuestra esperanza de la no afectación a personas de diversos credos, o ninguno, por la imposición desde el Estado, sea este a nivel nacional, provincial o municipal, de actos o festividades que son propias de una determinada visión religiosa.

Ya en la Asamblea de 1813 se estableció un primer principio de tolerancia a los cultos distintos del Católico Romano, siempre que se realizaran en privado y en lengua extranjera.

Si bien es una tolerancia muy restringida, demostraba la presencia de una pluralidad religiosa en los albores de nuestra nación, y un reconocimiento a la licitud de esa diversidad.

Poco a poco fue creciendo ese reconocimiento. Primero se autorizó la construcción de templos propios, y luego la tarea de acompañamiento a los fieles más allá de las fronteras de los predios específicos dedicados al culto y finalmente a la predicación en lengua vernácula. Ello lleva a que en 1853 la Constitución Nacional, si bien reconocía específicamente a la Iglesia Católica a través del art. 2, declarara una irrestricta libertad de cultos.

En sucesivos momentos, a través de la ley de Matrimonio Civil o de Educación Laica, se fue dando lugar en nuestra legislación la pluralidad religiosa y la necesidad de que el Estado evite privilegiar alguna institución religiosa por sobre las demás. Una plena libertad e igualdad religiosa solo será posible en la medida en que el Estado se diferencie de cualquier credo o confesión religiosa en particular y reconozca la pluralidad que hoy vive nuestro país.

Si una palabra podemos decir desde nuestra identidad evangélica es que entendemos que hay un valor fundamental que debemos destacar: la búsqueda de plenitud de la vida humana. Y ello supone un sentido de justicia, de integridad, de respeto a la creación toda.

Las desigualdades que marcan la vida humana, sean estas provocados por discriminaciones de género, étnicas, económicas o culturales, así como las específicamente religiosas, todo aquello que ponga en riesgo la vida y dignidad de cualquier ser humano, especialmente a las minorías alternativas y de los más vulnerables, son contrarias a nuestra comprensión de la voluntad del Creador. Ciertamente vemos con alegría toda legislación que avance en darnos, a los argentinos, una mejor situación de vida y produzca una ampliación de libertades y derechos, no sólo desde un punto de vista individual sino también a partir de una comunidad de vida, de aquello que hace a la igualdad y al bien común. Las situaciones que hoy denunciamos son a todas luces contrarias a este sentido y nos hacen recordar momentos negativos, cuando, por la implantación de actividades y educación Católica en las escuelas públicas, se creó discriminación y prejuicio contra quienes no participamos de ese culto. Como ya ha ocurrido en el pasado, el hecho de eximir a algunas personas, por su religión o raza, de lo que es una norma común, especialmente en el ámbito educativo, no hace sino alentar segregación y crear divisiones perjudiciales en la comunidad.

La ampliación de derechos y la lucha contra toda forma de discriminación, son parte de la responsabilidad del Estado, que se han enunciado repetidamente por el presente gobierno nacional. Como instituciones religiosas y organizaciones civiles claramente comprometidos con la libertad e igualdad, celebramos el camino emprendido, tal como lo hemos expresado al apoyar cada lucha contra la discriminación racial, de género, étnica o los prejuicios sufridos por los pueblos originarios. De la misma manera afirmamos que el impulso a festividades en establecimientos públicos, o el establecimiento de la catequesis en horario escolar, como son los casos que ahora nos conciernen, basados en filiación religiosa o creencias, son contrarios tanto a los principios filosóficos y jurídicos que animan la acción del Estado como a la fe que profesamos. Por lo tanto la imposición de actos propios de una determinada creencia en establecimientos escolares públicos no puede sino producir malestar en quienes se vean afectados por estos, y nos lleva, contra nuestro deseo, a promover cuestionamientos legales y procesos judiciales.

Por otro lado, es parte de nuestra historia como iglesias evangélicas con larga tradición en el país haber defendido siempre la separación de Estado e Iglesia. Es parte de nuestra convicción que sólo un estado laico puede asegurar la plena libertad religiosa. No sólo nuestra: el Papa Francisco en su reciente viaje a Río de Janeiro, Brasil, declaró que: “La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad, favoreciendo sus expresiones concretas” (cita tomada de http://www.cadena3.com/contenido/2013/07/27/116739.asp?titulo=Francisco-lepidio-a-la-clase-politica-erradicar-la-pobreza. Favorecer sus expresiones concretas no significa imponer desde la escuela pública ninguna de ellas.

Sea en los antecedentes de la discusión por la regulación de Cementerios, por la creación del Registro Civil (frente a la vigencia del matrimonio católico) o por la educación laica, hombres y mujeres de diversas denominaciones evangélicas, y las mismas iglesias y asociaciones de esta confesión, participaron activamente en sostener la necesidad de una legislación que avance en el camino de la plena vigencia de un Estado que reconoce la libertad y diversidad religiosa desde una posición de neutralidad. Por ello resistimos la imposición del uso del poder estatal para dar preferencia a una determinada creencia o institución religiosa.

Queremos dejar en claro que no nos mueve un espíritu anticatólico, sino todo lo contrario, un claro espíritu ecuménico y de diálogo. Porque uno de los requisitos para un diálogo fructífero es la igualdad de las condiciones de los participantes. Las asimetrías jurídicas, los privilegios consentidos por el Estado y las diferencias legales afectan claramente la posibilidad de un diálogo equilibrado y profundo que asegure a todos los participantes una plena libertad frente a sí mismo, frente a los demás y frente al Estado que, imparcialmente, debe contenernos a todos por igual.

Por la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas

 

Federico Schäfer                                                     Néstor Míguez

Secretario                                                                 Presidente