Sobre la interrupción voluntaria del embarazo

 

He venido para que tengan vida, y vida en abundancia.”
Juan 10:10

Nuestra sociedad se encuentra movilizada por el tratamiento legislativo de un proyecto de ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Creemos importante situar el debate en el contexto de nuestra realidad nacional y vincularlo con otras situaciones que afectan la vida de nuestro pueblo, como las situaciones de violencia de género y femicidio, el desamparo de muchos jóvenes y ancianos, el desempleo, la pobreza que afecta a gran parte de la población, y la disparidad en la distribución de bienes en nuestro país. Todas ellas se relacionan de alguna manera al tema que nos ocupa, ya que contribuyen a generar la condición de muchas de las mujeres que atraviesan la experiencia del embarazo no deseado.

Como Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE) no fijamos posturas doctrinales ni juzgamos éticamente las conductas personales, sino que ofrecemos algunas reflexiones para el necesario debate sobre el tema:

• La vida es un don de Dios, y lo es particularmente en el caso de la vida humana. Ese origen le confiere una dignidad que reclama respeto y amparo. Sin embargo reconocemos que dentro del cristianismo hay diversas doctrinas en este sentido, en cuanto a los modos y alcances de esta convicción, desde posiciones sobre una no-violencia total y respeto irrestricto a la vida, hasta quienes justifican guerras y pena de muerte. Esta diversidad de doctrinas se expresan en las diferentes iglesias cristianas y aún dentro mismo de ellas, incluso sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Varias de las iglesias asociadas en FAIE han dado a conocer sus propios documentos al respecto.

Porque contigo está el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz.
Salmo 36:9

• Pensamos que el aborto no es la mejor solución para situaciones de embarazos no deseados. Por ello alentamos una política pública activa de educación e información en prevención y profilaxis, y el mejoramiento de las leyes de adopción. A la vez sostenemos que en situaciones extremas es fundamental la preservación de la integridad de las personas y sus derechos personalísimos y ello es lo que debe orientar la acción de la salud pública.

• Las iglesias cristianas a veces hemos contribuido a aumentar el sufrimiento y menoscabo padecido por quienes atraviesan conflictos con el embarazo. Nuestra vocación nos reclama ofrecer sostén, consuelo y acompañamiento y dejar atrás la condena, exclusión o abandono, que empujan a las personas a la soledad y a las “soluciones” menos adecuadas.

“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, el Señor me recogerá.”
Salmo 27:10

• Es contradictorio que un Estado que pretende proteger la vida intrauterina, luego se desentienda o deje librado al azar o a “las fuerzas del mercado” a la vida recién nacida y su desarrollo saludable. En este sentido deben sostenerse y profundizarse los programas sociales, las ayudas materno-infantil y de escolaridad, la protección de la niñez en riesgo y el acceso a un hábitat digno. Así mismo resulta contradictorio pretender defender la vida penalizando la interrupción voluntaria del embarazo, sin invertir adecuadamente en la asistencia pública y en los programas de salud reproductiva .

La legislación comparada muestra un gran abanico de opciones con diversas posibilidades que deben ser analizadas. Las iglesias y los distintos movimientos de la sociedad civil podemos y debemos contribuir a la discusión pública del tema, pero el Estado debe mantener su autonomía y respeto por el pluralismo. Ello lleva a aceptar el sentir de la mayoría reconociendo y asegurando los derechos de las minorías.
Es nuestro deseo y oración que nuestros legisladores sean iluminados para encontrar aquellos caminos que mejor sostengan la vida de nuestro pueblo y el necesario respeto y cuidado de todos y todas nuestros habitantes.

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros,
que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición;
escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.”
Deuteronomio 30: 19

Néstor O. Míguez                                                Ana María Velilla
Presidente                                                            Secretaria