Esta pandemia que está azotando nuestro país

Buenos Aires 20 de julio de 2020

La pandemia que está azotando nuestro país y el resto del mundo, además de sus dolorosos daños a la salud, profundiza otros males que aquejan a nuestras sociedades.  Esta enfermedad, como otras, marcan las desigualdades que sufren distintos sectores de nuestro pueblo.

El COVID-19 no discrimina razas, religiones, edad ni clases sociales;  pero aquellas desigualdades sí lo hacen. Como siempre los más afectados son los sectores empobrecidos que sufren factores de riesgo por su mala alimentación, que no tienen acceso a recursos básicos como el agua, o viven hacinados sin posibilidad cierta de aislamiento. También la postergación e injusticia que afecta a nuestros pueblos originarios ha significado su exposición y vulnerabilidad en esta crisis. Muchos años de olvido, que es una de las maneras más crueles de la marginalidad social, nos han hecho contradecir el compromiso de tener presente a los pobres (Gal 2,10). 

Otro factor de riesgo es la edad. El descuido que padecen muchas personas mayores se manifiesta duramente en esta situación. Hemos perdido la capacidad de comprender la promesa de paz y justicia que contiene el mandato de honrar a quienes nos precedieron (Efesios 6, 2-3).

En la búsqueda de una mayor contención y respuesta solidaria en medio de esta difícil situación se han tomado distintas medidas preventivas, que la mayoría de la población está siguiendo. También ha de buscarse alivio para los perjuicios económicos que acarrea. Desgraciadamente la siempre presente deuda externa y la avaricia de los centros financieros no hacen sino aumentar el problema.

Pero también asistimos a otro mal social: la insensibilidad, la agresión y el odio. Vemos en algunos sectores la búsqueda de respuestas facilistas que no contribuyen a enfrentar el problema, una falta de solidaridad, y hasta manifestaciones agresivas de violencia y odio. Se ha procedido con enorme irresponsabilidad desde diversas fracciones del poder político o mediático, instalando rumores o falsas noticias que confunden a muchos de nuestros hermanos y hermanas. También reconocemos con dolor que desde algunos dirigentes religiosos se han generado falsas promesas o supuestas soluciones mágicas, tristemente en nombre de Dios, y no han hecho más que burlarse del Creador (Gal 6, 7).

En medio de este ya de por sí difícil panorama nos enteramos que en el pasado reciente se ha recurrido a la violación de la intimidad y otras formas ilegales para espiar y perjudicar a  quienes se consideran “enemigos”, incluso en el campo religioso. Esperamos que una justicia independiente y éticamente sana nos ayude a poner luz de verdad en estas situaciones y encaminarnos a formas más sinceras de convivencia, aún en medio de las esperables diferencias de pensamiento.

Es tiempo de sanar nuestra nación, no solo en el mutuo cuidado y la solidaridad compasiva en la espera de los remedios frente al COVId-19, sino también modificando este sistema que genera tanta desigualdad, que alienta prejuicios y perjuicios. Tanto las conductas personales como los modos de relación social, económica y política, de nuestra educación y la forma en que distribuimos los bienes necesarios para la salud y la vida deben pensarse y actuarse desde el reconocimiento de la dignidad de todos los seres humanos y el cuidado de la creación toda.  Sólo así podremos construir una nueva humanidad para una nueva normalidad, sembrando el amor que es el único que puede dar fruto de vida y permanencia a una sociedad, porque éste nunca dejará de ser (1 Cor 13,8).

Junta Directiva FAIE                      

Reflexión de fin de año 2019

Buenos Aires, 16 de diciembre 2019.

Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos serán primeros.

(Evangelio de Mateo, 19:30)

El año que culmina no ha sido un tiempo fácil para nuestro país. El crecimiento de la pobreza y el hambre ha golpeado fuertemente a muchos sectores de nuestra sociedad, especialmente a la niñez y los mayores. Aumentaron los conflictos sociales, la desocupación, la desatención a los sectores más vulnerables, el femicidio, el desprecio hacia quienes son marginados y el resquebrajamiento de las redes solidarias en muchos espacios. No se han protegido debidamente los bienes de nuestro suelo y vemos un deterioro en el cuidado del medio ambiente. El endeudamiento, estatal y de las familias, y la especulación financiera nos ha hecho un país más pobre, y se ha acentuado la desigualdad. Las políticas del neoliberalismo y el monetarismo nos afectaron no solo económicamente sino también en cuanto a nuestro sentido de humanidad. Y lo mismo ha ocurrido y conmovido a otros países de América Latina, incluso quebrando el orden democrático.

Ha crecido en muchos un sentimiento xenófobo, se manifestó la soberbia del poder, la agresión y la mentira. El tiempo electoral expuso aún más fuertemente prejuicios, el desprecio y aún el odio por el diferente. Ciertos atropellos y crímenes de las fuerzas de seguridad y la desconfianza en el poder judicial acrecentaron el sentimiento de una falta de justicia, que lleva a la desesperanza.

Sin embargo, nuestro pueblo no desesperó de los caminos de la democracia, se mantuvo en cauces pacíficos, mostrando sus opciones a través de las urnas. Y así como hubo dolorosos casos de amenazas y corrupción, también hubo ejemplos de búsqueda de consensos y reconstrucción de las expectativas por un país más justo e igualitario.

Llegamos al fin del año con la asunción de un nuevo gobierno nacional. Su programa propone superar muchos de estos males y promete atender principalmente a “los últimos”. Oramos para que así sea, ya que desgraciadamente en otras ocasiones promesas similares han sido incumplidas. Como Federación de iglesias evangélicas hemos de acompañar, con nuestra acción de servicio y disposición a colaborar, con nuestra oración y buena voluntad toda iniciativa que ayude a preservar la vida de los más débiles y a superar el odio y el prejuicio. No buscamos poder ni imponer nuestra fe al conjunto del pueblo, sino el bien de todos en libertad y justicia. Queremos que se honre la verdad y la búsqueda de la paz. Por ello queremos afirmar en todo tiempo el mensaje de amor de Jesús, la buena nueva y la Palabra profética que nos inspira. La justicia de una nación se aprecia en la forma en que viven los más humildes de sus habitantes. Acompañamos la oración que expresara nuestra hermana la pastora Sonia Skupch en el acto interreligioso de Luján el pasado 8 de diciembre:

Dios de todos los tiempos, fuente de Paz, de Justicia y de Esperanza.

Te damos gracias por permitirnos estar hoy en este día aquí y poder expresar nuestra fe en libertad y sin miedo.

Te agradecemos por tu misericordiosa presencia en la vida de cada uno de nosotros y nosotras y en la vida de nuestro pueblo.

Te agradecemos por tu Palabra contenida en la Biblia, en donde el salmista escribe:

“El amor y la verdad se darán cita,

la paz y la justicia se besarán,

La verdad brotará de la tierra

Y la justicia mirará desde el cielo”.

Inspirados en tu Palabra, reconocemos, Dios nuestro, que hay paz cuando hay verdad y cuando gobierna la justicia. Por eso expresamos nuestro anhelo de que en nuestra Argentina haya justicia y paz para todos aquellos que la habitan.

Que haya justicia y paz en los hogares, en las familias.

Que haya respeto y tolerancia por las diferentes culturas, pensamientos, tradiciones, formas de vivir y de entender la vida, el mundo y la fe, formas de expresar y vivir la propia identidad.

Te pedimos que como nación podamos ser solidarios con aquellos que menos tienen, los crucificados de nuestros tiempos, aquellos cuyos derechos son vulnerados día tras día. Pedimos especialmente por las mujeres que sufren violencia, por los niños y niñas, por nuestros pueblos originarios.

En vísperas de un cambio de gobierno te pedimos por las autoridades salientes y entrantes de nuestra nación, para que gobiernen con sabiduría, con justicia y con misericordia.

Fuente de justicia y de esperanza: permita que, así como lo dicen los profetas, la justicia fluya para que así la paz pueda anidar en nuestra sociedad, permitiendo una vida digna para todas y todos.

En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, lo pedimos. Amén.

Por la Junta Directiva de FAIE

Anibal Vasalli                          Juan A. Gutiérrez          Néstor Mìguez                   

Secretario                              Vicepresidente 1º               Presidente

Rechazo ante los hechos de violencia sucedidos en nuestra hermana República de Bolivia

Buenos Aires, 11 de noviembre de 2019

                                                               Ante los hechos que desencadenaron el Golpe de Estado contra el gobierno del ex presidente Evo Morales, las iglesias integrantes de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas manifestamos nuestro  más enérgico rechazo a  la violencia utilizada para interrumpir  el orden  institucional democrático del hermano Estado Plurinacional de Bolivia y reclamamos  que prontamente  se arbitren los medios necesarios que den lugar a la recuperación de la paz social y el  orden institucional del Estado de Derecho.

                                                               También  exigimos que se garantice la integridad del  ex presidente Evo Morales, de su familia, como así también de quienes fueran miembros de  su gobierno.

                                                               En otro orden de cosas, como iglesias cristianas  evangélicas nos duele y preocupa el avance de grupos que haciendo mal uso del nombre de Dios y de distintos símbolos religiosos promueven y justifican fanáticamente discursos y acciones cargadas de odio e intolerancia así como inaceptables  prejuicios raciales y denostación a los pueblos originarios de nuestro continente.

                                                               El Nombre de Dios no debe ser usado para maldecir y lamentablemente esto está ocurriendo. Oramos al Señor para que prontamente haya justicia y paz. 

Por la Junta Directiva

Néstor Míguez

Presidente FAIE

La Iglesia Evangélica no llega a la TV Pública

Desde hace tiempo las iglesias evangélicas (plural) venimos pidiendo que los medios públicos den un espacio como el que tienen otras confesiones y  comunidades religiosas, contemplando y considerando la pluralidad de iglesias, asociaciones y movimientos que forman parte de la tradición evangélica. La actual decisión de la Televisión Pública de otorgar este espacio a una sola de las agrupaciones religiosas evangélicas no cumple con este pedido.

En primer lugar, no existe “una iglesia evangélica”. El movimiento evangélico es plural, diverso, y las distintas iglesias evangélicas tienen, como todas las confesiones religiosas, diferentes concepciones teológicas sobre muchos puntos. Así han participado históricamente con variados énfasis en cuestiones que hacen a la vida social y expresado diferentes conceptos y miradas sobre nuestra realidad nacional.

El otorgamiento de este espacio a la Federación ACIERA es una decisión política tendenciosa, que impone una discriminación frente a otras expresiones de la fe evangélica. Las iglesias con más antigua presencia histórica en el país no integran esta agrupación. ACIERA, si bien agrupa a un número significativo de iglesias, ha expresado posiciones dogmáticas y doctrinales que distan de tener consenso entre los evangélicos. El pueblo de nuestro país y el público televisivo tienen derecho a saber que el programa de la TV Pública llamado “Buenos Noticias” no es expresión de las iglesias evangélicas sino de una particular parcialidad de las mismas y que hay otras miradas teológicas que hacen a la tradición y presencia evangélica en nuestro país y en el mundo.

Por eso consideramos que las iglesias evangélicas no tienen un espacio en la televisión pública y continuamos con nuestro reclamo para que los medios estatales reconozcan la pluralidad y abran este espacio a las diversas expresiones evangélicas en el país.

          Néstor Miguez

Presidente      

Los evangelios, los evangélicos y la agenda pública

Buenos Aires, 23 de julio de 2019

 

El crecimiento de las iglesias evangélicas en América Latina en tiempos recientes ha hecho más visible su presencia pública. Pero cabe señalar que las iglesias y creyentes evangélicos, varones y mujeres, han participado activamente en la vida social y política, especialmente en las áreas de  educación, salud, servicios sociales, derechos humanos, acompañamiento a los pueblos originarios, libertades cívicas, actividad sindical, cultura y deportes, resguardo de la naturaleza, entre otras, desde el nacimiento de nuestro país. La lista de nombres (incluso mártires) y sus acciones sería muy extensa, aunque desconocida para gran parte del público. Desde la comprensión del Evangelio, desarrollaron iniciativas progresistas que generaron avances transformadores y positivos de nuestra sociedad.

Sin embargo, vemos con preocupación que en los últimos años los medios informativos han destacado, no siempre con acierto,  la actuación de algunos personeros o entidades evangélicas que han expresado sus posiciones en materia relativas a género y aborto, seguridad y otros asuntos mayormente en términos absolutos y polémicos, obviando la realidad que no todos los evangélicos sostenemos las mismas opiniones en estos temas.

Según los evangelios, Jesús no expresó posiciones extremas en temas de moral sexual. Es más, cuando pusieron delante de él una mujer acusada de adulterio, evitó condenarla, rescatando así  su vida[1]. En cambio, fue extremadamente duro con el rico que ignoraba al pobre que dormía en la calle frente a su puerta2, y con quien no quiso compartir sus bienes con los pobres3. Jesús vuelca las mesas de los que especulaban con el cambio de dinero y quienes hacían negocio con la religión4, acentuando en sus enseñanzas que “el que quiera ser grande debe servir a los demás”5.

Otros textos bíblicos mencionan las cuestiones de género, pero en un marco de afirmación de la vida y la justicia. Son indicaciones para las comunidades creyentes y no leyes que hay que aplicar al resto de la sociedad6. Son opciones desde la fe, y no un impuesto moralismo fariseo.

La “agenda pública” de Jesús queda anunciada en su invocación profética: “Buenas noticias a los pobres, sanidad a los enfermos, consuelo a los sufrientes, libertad a los cautivos y liberación de los oprimidos”7. Jesús sanó8, enseñó y alimentó a multitudes9, todo gratuitamente y sin exigencias. No fueron solamente discursos sobre valores: fue su práctica cotidiana. En su última enseñanza a sus discípulos antes de su asesinato por parte del Imperio, señala la continuidad de su presencia en el alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, recibir a los extranjeros, vestir al desnudo, visitar enfermos y presos10.

En términos actuales, podemos decir que Jesús acentuó sus enseñanzas vinculadas con la igualdad de todas las personas en su dignidad, la justicia social, especialmente en términos de alimentación y hábitat, salud, educación, los derechos humanos, personales y sociales y la solidaridad con y entre quienes padecen, así como el uso responsable y compartido de los bienes y recursos naturales. Por cierto entendemos y alentamos el compromiso de los creyentes evangélicos en el ámbito público y en la política, según sea su vocación. Pero a la vez entendemos que estas siguen siendo las prioridades para quienes tenemos el compromiso de anunciar “el Reino de Dios y su justicia” para todas las naciones.

Por la Federación Argentina de Iglesia Evangélicas

Néstor O. Míguez

Presidente


[1]  Juan 8:1-11; también Lucas 7:37-50; 2 Lucas 16:19-33; 3 Lucas 18:18-25; 4 Mateo 21:12-13; 5 Mateo 20: 26; 6 véase, por ejemplo, 1ª Corintios 5:10-13; 7 Lucas 4:18-19; 8 Marcos 1:14; 9  Marcos 6:34-44; 10 Mateo 25: 31-46.

Comunidades religiosas de nuestro país acercan reflexión al inicio del proceso electoral

En torno a la fiesta patria del 9 de julio, los representantes de las comunidades religiosas de nuestro país, acercamos estas reflexiones previas al inicio del proceso electoral. Elegimos esta fecha porque como comunidades creyentes valoramos hondamente las tradiciones. De las raíces viene la fuerza que nos hace crecer, florecer y fructificar.

En las fechas patrias cantamos en el himno: “Oíd el ruido de rotas cadenas”. Aquí no hay solo memoria del pasado, sino un anhelo de libertad. Estamos cantando un deseo, un sueño. Y la memoria de esta fecha es a la vez recuerdo de que no hay libertad sin fraternidad. Porque “nuestras” guerras de la Independencia son las mismas que condujeron a las independencias de los países vecinos y hermanos. El pueblo argentino nace en el espacio fraterno de la solidaridad latinoamericana que no puede ser borrado de la memoria histórica. Un pueblo que a lo largo de más de dos siglos se ha enriquecido por las diferentes migraciones, con sus riquezas culturales y religiosas.

Elegir autoridades nos pone frente a la inmejorable ocasión de entablar un diálogo acerca de nuestro presente y nuestro futuro, que represente la esperanza que tenemos para nuestro país. La cultura del diálogo como camino, el respeto del otro como conducta, y el tener dentro de cada proyecto a los que más sufren la pobreza y la exclusión como criterio y método, deben ser prioridades. No hay verdadera libertad sin fraternidad, y esta no se da sin la concreta realización de los derechos sociales.

El proceso electoral no debe significar una crisis, ya que es simplemente algo que ocurre indefectiblemente en las democracias. Ahora bien, es necesario revitalizar la democracia, no reduciéndola a un acto eleccionario. La democracia se atrofia, pierde representatividad, se va desencarnando si deja afuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad y en la construcción de su destino. La política colabora para que el pueblo se torne protagonista de su historia y así se evita que las llamadas “clases dirigentes” crean que pueden dirimirlo todo.

A quienes aspiran a la responsabilidad que implica una candidatura, les pedimos presentar con claridad y realismo sus ideas y proyectos, sin caer en agresividades innecesarias que terminan desacreditando las propuestas. La política es la vocación más alta del hombre en comunidad y nos permite construir la anhelada fraternidad. Debiera revestir un carácter altruista y no reducirse a desprestigiar a los adversarios ni a un juego superficial de intercambios vanos. Podemos hacerlo.

La transparencia y honestidad personal, junto a la transparencia en el rol institucional de cada uno de los poderes tiene una relación indisoluble con el bienestar y la confianza de los ciudadanos. El funcionamiento deficiente de los poderes produce un alto costo social. El poder judicial en particular no debe dejar duda alguna de su plena independencia y desvinculación del ámbito político.

En asignaturas nodales, que constituyen el eje de las diversas problemáticas presentes en nuestra nación, y si queremos empezar un verdadero camino de recuperación, hay que salir de una vez por todas de la era del diagnóstico. Todos y cada uno de los habitantes de este

país sabemos que: la pobreza estructural, el narcotráfico, la creación de empleo, el cuidado de la vida, la crisis ambiental, la educación inclusiva, la inflación, la reivindicación de los adultos mayores y la protección absoluta de la niñez, son temas que se resuelven con políticas de estado más allá de la alternancia, entendiendo que los logros de cada período deben tener continuidad. La nación ya ha sido fundada, no se refunda ni cada cuatro ni cada ocho años.

Como comunidades creyentes podemos afirmar que la gloria de Dios es que el ser humano viva, es decir que se realice, que salga adelante, que crezca, que se desarrolle. Como hombres y mujeres de fe en el Dios Misericordioso, tenemos un compromiso profético en nuestro mundo de hoy. Nuestra tarea es ayudar a recordar que detrás de las cifras – a veces parecen preocupar sólo si suben demasiado-, y de las crisis, hay rostros, nombres e historias. Esto en una invitación permanente a poner en el centro de la acción social y política a las personas más desfavorecidas. Solo así será posible la amistad social y la fraternidad.

Monseñor Oscar Ojea, Presidente, Conferencia Episcopal Argentina (CEA)

Pastor Rubén Proietti, Presidente, Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA)

Pastor Néstor Míguez, Presidente, Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE)

Doctor Jorge Knoblovits, Presidente, Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA)

Sumer Noufouri, Presidente, Instituto Islam para la Paz