Historia

¿Qué hago? Debo leer y escribir cartas, atender invitaciones, escuchar anuncios, recordar celebraciones, tener en cuenta que se realizan campañas, encuentros, debo designar delegados.

¿Qué hago? A veces nos estremecemos: Nueva Ley de Cultos… ¿La entiendo bien? ¿Qué es lo que se esconde detrás de cierto articulado? ¿Peligros, amenazas? ¿No es mejor que ese artículo se formule de otra manera? ¿Lo que propone es realmente un adelanto? Todo en aras de la libertad religiosa, en defensa de la objeción de conciencia.

¿Hago algo más? Debo auspiciar la formación de comisiones que puedan significar un adelanto organizativo en bien del mundo evangélico. Estoy pensando en la Comisión del Compartir Ecuménico de Recursos, en el Comité Ecuménico Permanente de Emergencias. Si llega a ocurrir algún desastre, las iglesias deben estar preparadas para no llegar tarde allí donde se las espera. Debo conformar alguna instancia que nos facilite oficialmente la importación de mercaderías para afrontar eventuales emergencias.

¿Qué más hago? Debo pensar en las cuotas sociales que cada iglesia debe abonar según la cantidad de miembros que tiene. Debo iniciar proyectos para lograr el financiamiento de objetivos fijados. Debo recordar las cosas pendientes, como, por ejemplo, proceder a la distribución equitativa de la ropa que recientemente hemos recibido.

Resumiendo: oro y espero… trabajo y avanzo. Me pongo contenta cuando alguien me dice simplemente FAIE. Me siento como una amiga, una conocida, una institución con la cual se puede contar. Y esto es lo que quiero: que se pueda contar conmigo ante las necesidades, ante las autoridades, ante las dificultades.

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