“Todas las rutinas y modos habituales fueron trastocados”: Reflexión para Adviento 2020



Buenos Aires, 22 de diciembre de 2020
 
El tiempo de adviento 2020
 
El tiempo de adviento y fin de año es ciertamente una oportunidad para repasar lo vivido y renovar nuestra oración y esperanzas para el tiempo que viene. Junto al habitual saludo para estas celebraciones, nuestra Federación suele compartir algunas reflexiones que hacen a nuestra experiencia y visión para este tiempo.
Sin duda este año 2020 ha sido, por decirlo de alguna manera neutral, “atípico”. Todas las rutinas y modos habituales fueron trastocados y tuvimos que aprender a vivir con nuevos cuidados. Fueron afectadas las formas de relacionarnos, nuestro trabajo y economía, y hasta la celebración del amor de Dios en nuestras vidas. Por un lado se puso de manifiesto creatividad, solidaridad, el sentido de mutua colaboración. Pero al mismo tiempo se manifestó en muchas personas ansiedad, actitudes irresponsables, egoísmos inexplicables.
No podemos ignorar que también dio ocasión a que se mostraran y exacerbaran prejuicios, odios, o ambiciones inescrupulosas, que por cierto ya existían antes. Así como hubo gran generosidad y hasta la entrega de la propia vida en muchos servidores públicos, en el ámbito de la salud especialmente, otros expusieron su avaricia y aprovecharon para especular. Lo mejor y peor de nuestra condición humana se hizo evidente de una manera notable en este tiempo y circunstancia.
Nuestro país se vio, además, envuelto en otros debates. El año se inició con un gobierno que presentaba un proyecto muy distinto y en algunos puntos opuesto al que dejó 2019. A poco de asumir tuvo que enfrentar esta inesperada pandemia, que afectó a todo el planeta. Se propusieron otras formas de gestión y nuevas leyes, algunas que desataron fuertes polémicas, también en el ámbito de nuestras iglesias. Todos los poderes del estado se vieron afectados, y no siempre reaccionaron con la misma eficacia y compromiso. Especialmente el poder judicial se vio envuelto en polémicas que han afectado su credibilidad. Esto nos preocupa, dado que la justicia es un pilar indispensable para la convivencia social.
En cuanto a nuestra Federación y las iglesias que la componen, podemos decir que, pese a todas estas circunstancias, han dado un buen testimonio, acompañando a los más necesitados, llevando consuelo y esperanza, no solo en palabras, sino también con una fuerte acción social, en la que contamos, en este caso, con el apoyo del gobierno nacional y algunos gobiernos provinciales. Damos gracias a Dios que nos ha permitido hacerlo. También agradecemos que allí donde hemos discrepado lo hemos hecho con respeto por quienes piensan diferente, y como miembros del mismo cuerpo de Cristo, que nos une en amor.
El año que se inicia en unos días parece traer cierto alivio por los avances médicos en el combate de la pandemia. Nuestra oración es que también podamos crecer en el respeto y amor, que
 
 
nuestra humanidad aproveche esta dolorosa experiencia para revisar muchas formas de vida que han significado injusticia, destrucción de nuestra casa común, afectación de la vida de los más pobres e indefensos, prejuicios raciales y de género, dolorosas opresiones. Nuestro pueblo, y todos los pueblos del mundo, son dignos de cuidado, y es necesaria una mayor igualdad, pues todos y todas hemos sido igualmente creados en la imagen del Dios que nos ha dado generosamente lo necesario para  la vida. En Jesús vemos el ejemplo de vida entregada al bien del prójimo, y el camino de salvación que nos convoca. “Porque yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10, 10).

Reflexiones a raíz de la pandemia que está azotando el mundo y las consecuencias para nuestro país

Buenos Aires 20 de julio de 2020

La pandemia que está azotando nuestro país y el resto del mundo, además de sus dolorosos daños a la salud, profundiza otros males que aquejan a nuestras sociedades.  Esta enfermedad, como otras, marcan las desigualdades que sufren distintos sectores de nuestro pueblo.

El COVID-19 no discrimina razas, religiones, edad ni clases sociales;  pero aquellas desigualdades sí lo hacen. Como siempre los más afectados son los sectores empobrecidos que sufren factores de riesgo por su mala alimentación, que no tienen acceso a recursos básicos como el agua, o viven hacinados sin posibilidad cierta de aislamiento. También la postergación e injusticia que afecta a nuestros pueblos originarios ha significado su exposición y vulnerabilidad en esta crisis. Muchos años de olvido, que es una de las maneras más crueles de la marginalidad social, nos han hecho contradecir el compromiso de tener presente a los pobres (Gal 2,10). 

Otro factor de riesgo es la edad. El descuido que padecen muchas personas mayores se manifiesta duramente en esta situación. Hemos perdido la capacidad de comprender la promesa de paz y justicia que contiene el mandato de honrar a quienes nos precedieron (Efesios 6, 2-3).

En la búsqueda de una mayor contención y respuesta solidaria en medio de esta difícil situación se han tomado distintas medidas preventivas, que la mayoría de la población está siguiendo. También ha de buscarse alivio para los perjuicios económicos que acarrea. Desgraciadamente la siempre presente deuda externa y la avaricia de los centros financieros no hacen sino aumentar el problema.

Pero también asistimos a otro mal social: la insensibilidad, la agresión y el odio. Vemos en algunos sectores la búsqueda de respuestas facilistas que no contribuyen a enfrentar el problema, una falta de solidaridad, y hasta manifestaciones agresivas de violencia y odio. Se ha procedido con enorme irresponsabilidad desde diversas fracciones del poder político o mediático, instalando rumores o falsas noticias que confunden a muchos de nuestros hermanos y hermanas. También reconocemos con dolor que desde algunos dirigentes religiosos se han generado falsas promesas o supuestas soluciones mágicas, tristemente en nombre de Dios, y no han hecho más que burlarse del Creador (Gal 6, 7).

En medio de este ya de por sí difícil panorama nos enteramos que en el pasado reciente se ha recurrido a la violación de la intimidad y otras formas ilegales para espiar y perjudicar a  quienes se consideran “enemigos”, incluso en el campo religioso. Esperamos que una justicia independiente y éticamente sana nos ayude a poner luz de verdad en estas situaciones y encaminarnos a formas más sinceras de convivencia, aún en medio de las esperables diferencias de pensamiento.

Es tiempo de sanar nuestra nación, no solo en el mutuo cuidado y la solidaridad compasiva en la espera de los remedios frente al COVId-19, sino también modificando este sistema que genera tanta desigualdad, que alienta prejuicios y perjuicios. Tanto las conductas personales como los modos de relación social, económica y política, de nuestra educación y la forma en que distribuimos los bienes necesarios para la salud y la vida deben pensarse y actuarse desde el reconocimiento de la dignidad de todos los seres humanos y el cuidado de la creación toda.  Sólo así podremos construir una nueva humanidad para una nueva normalidad, sembrando el amor que es el único que puede dar fruto de vida y permanencia a una sociedad, porque éste nunca dejará de ser (1 Cor 13,8).

Junta Directiva FAIE                      

“Los últimos serán primeros”: Reflexión de fin de año 2019

Buenos Aires, 16 de diciembre 2019.

Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos serán primeros.

(Evangelio de Mateo, 19:30)

El año que culmina no ha sido un tiempo fácil para nuestro país. El crecimiento de la pobreza y el hambre ha golpeado fuertemente a muchos sectores de nuestra sociedad, especialmente a la niñez y los mayores. Aumentaron los conflictos sociales, la desocupación, la desatención a los sectores más vulnerables, el femicidio, el desprecio hacia quienes son marginados y el resquebrajamiento de las redes solidarias en muchos espacios. No se han protegido debidamente los bienes de nuestro suelo y vemos un deterioro en el cuidado del medio ambiente. El endeudamiento, estatal y de las familias, y la especulación financiera nos ha hecho un país más pobre, y se ha acentuado la desigualdad. Las políticas del neoliberalismo y el monetarismo nos afectaron no solo económicamente sino también en cuanto a nuestro sentido de humanidad. Y lo mismo ha ocurrido y conmovido a otros países de América Latina, incluso quebrando el orden democrático.

Ha crecido en muchos un sentimiento xenófobo, se manifestó la soberbia del poder, la agresión y la mentira. El tiempo electoral expuso aún más fuertemente prejuicios, el desprecio y aún el odio por el diferente. Ciertos atropellos y crímenes de las fuerzas de seguridad y la desconfianza en el poder judicial acrecentaron el sentimiento de una falta de justicia, que lleva a la desesperanza.

Sin embargo, nuestro pueblo no desesperó de los caminos de la democracia, se mantuvo en cauces pacíficos, mostrando sus opciones a través de las urnas. Y así como hubo dolorosos casos de amenazas y corrupción, también hubo ejemplos de búsqueda de consensos y reconstrucción de las expectativas por un país más justo e igualitario.

Llegamos al fin del año con la asunción de un nuevo gobierno nacional. Su programa propone superar muchos de estos males y promete atender principalmente a “los últimos”. Oramos para que así sea, ya que desgraciadamente en otras ocasiones promesas similares han sido incumplidas. Como Federación de iglesias evangélicas hemos de acompañar, con nuestra acción de servicio y disposición a colaborar, con nuestra oración y buena voluntad toda iniciativa que ayude a preservar la vida de los más débiles y a superar el odio y el prejuicio. No buscamos poder ni imponer nuestra fe al conjunto del pueblo, sino el bien de todos en libertad y justicia. Queremos que se honre la verdad y la búsqueda de la paz. Por ello queremos afirmar en todo tiempo el mensaje de amor de Jesús, la buena nueva y la Palabra profética que nos inspira. La justicia de una nación se aprecia en la forma en que viven los más humildes de sus habitantes. Acompañamos la oración que expresara nuestra hermana la pastora Sonia Skupch en el acto interreligioso de Luján el pasado 8 de diciembre:

Dios de todos los tiempos, fuente de Paz, de Justicia y de Esperanza.

Te damos gracias por permitirnos estar hoy en este día aquí y poder expresar nuestra fe en libertad y sin miedo.

Te agradecemos por tu misericordiosa presencia en la vida de cada uno de nosotros y nosotras y en la vida de nuestro pueblo.

Te agradecemos por tu Palabra contenida en la Biblia, en donde el salmista escribe:

“El amor y la verdad se darán cita,

la paz y la justicia se besarán,

La verdad brotará de la tierra

Y la justicia mirará desde el cielo”.

Inspirados en tu Palabra, reconocemos, Dios nuestro, que hay paz cuando hay verdad y cuando gobierna la justicia. Por eso expresamos nuestro anhelo de que en nuestra Argentina haya justicia y paz para todos aquellos que la habitan.

Que haya justicia y paz en los hogares, en las familias.

Que haya respeto y tolerancia por las diferentes culturas, pensamientos, tradiciones, formas de vivir y de entender la vida, el mundo y la fe, formas de expresar y vivir la propia identidad.

Te pedimos que como nación podamos ser solidarios con aquellos que menos tienen, los crucificados de nuestros tiempos, aquellos cuyos derechos son vulnerados día tras día. Pedimos especialmente por las mujeres que sufren violencia, por los niños y niñas, por nuestros pueblos originarios.

En vísperas de un cambio de gobierno te pedimos por las autoridades salientes y entrantes de nuestra nación, para que gobiernen con sabiduría, con justicia y con misericordia.

Fuente de justicia y de esperanza: permita que, así como lo dicen los profetas, la justicia fluya para que así la paz pueda anidar en nuestra sociedad, permitiendo una vida digna para todas y todos.

En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, lo pedimos. Amén.

Por la Junta Directiva de FAIE

Anibal Vasalli                          Juan A. Gutiérrez          Néstor Mìguez                   

Secretario                              Vicepresidente 1º               Presidente

Declaración: “Nuestro rechazo al Golpe de Estado en Bolivia”

Buenos Aires, 11 de noviembre de 2019

                                                               Ante los hechos que desencadenaron el Golpe de Estado contra el gobierno del ex presidente Evo Morales, las iglesias integrantes de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas manifestamos nuestro  más enérgico rechazo a  la violencia utilizada para interrumpir  el orden  institucional democrático del hermano Estado Plurinacional de Bolivia y reclamamos  que prontamente  se arbitren los medios necesarios que den lugar a la recuperación de la paz social y el  orden institucional del Estado de Derecho.

                                                               También  exigimos que se garantice la integridad del  ex presidente Evo Morales, de su familia, como así también de quienes fueran miembros de  su gobierno.

                                                               En otro orden de cosas, como iglesias cristianas  evangélicas nos duele y preocupa el avance de grupos que haciendo mal uso del nombre de Dios y de distintos símbolos religiosos promueven y justifican fanáticamente discursos y acciones cargadas de odio e intolerancia así como inaceptables  prejuicios raciales y denostación a los pueblos originarios de nuestro continente.

                                                               El Nombre de Dios no debe ser usado para maldecir y lamentablemente esto está ocurriendo. Oramos al Señor para que prontamente haya justicia y paz. 

Por la Junta Directiva

Néstor Míguez

Presidente FAIE

Reflexiones de las comunidades religiosas en el inicio del proceso electoral 2019

En torno a la fiesta patria del 9 de julio, los representantes de las comunidades religiosas de nuestro país, acercamos estas reflexiones previas al inicio del proceso electoral. Elegimos esta fecha porque como comunidades creyentes valoramos hondamente las tradiciones. De las raíces viene la fuerza que nos hace crecer, florecer y fructificar.

En las fechas patrias cantamos en el himno: “Oíd el ruido de rotas cadenas”. Aquí no hay solo memoria del pasado, sino un anhelo de libertad. Estamos cantando un deseo, un sueño. Y la memoria de esta fecha es a la vez recuerdo de que no hay libertad sin fraternidad. Porque “nuestras” guerras de la Independencia son las mismas que condujeron a las independencias de los países vecinos y hermanos. El pueblo argentino nace en el espacio fraterno de la solidaridad latinoamericana que no puede ser borrado de la memoria histórica. Un pueblo que a lo largo de más de dos siglos se ha enriquecido por las diferentes migraciones, con sus riquezas culturales y religiosas.

Elegir autoridades nos pone frente a la inmejorable ocasión de entablar un diálogo acerca de nuestro presente y nuestro futuro, que represente la esperanza que tenemos para nuestro país. La cultura del diálogo como camino, el respeto del otro como conducta, y el tener dentro de cada proyecto a los que más sufren la pobreza y la exclusión como criterio y método, deben ser prioridades. No hay verdadera libertad sin fraternidad, y esta no se da sin la concreta realización de los derechos sociales.

El proceso electoral no debe significar una crisis, ya que es simplemente algo que ocurre indefectiblemente en las democracias. Ahora bien, es necesario revitalizar la democracia, no reduciéndola a un acto eleccionario. La democracia se atrofia, pierde representatividad, se va desencarnando si deja afuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad y en la construcción de su destino. La política colabora para que el pueblo se torne protagonista de su historia y así se evita que las llamadas “clases dirigentes” crean que pueden dirimirlo todo.

A quienes aspiran a la responsabilidad que implica una candidatura, les pedimos presentar con claridad y realismo sus ideas y proyectos, sin caer en agresividades innecesarias que terminan desacreditando las propuestas. La política es la vocación más alta del hombre en comunidad y nos permite construir la anhelada fraternidad. Debiera revestir un carácter altruista y no reducirse a desprestigiar a los adversarios ni a un juego superficial de intercambios vanos. Podemos hacerlo.

La transparencia y honestidad personal, junto a la transparencia en el rol institucional de cada uno de los poderes tiene una relación indisoluble con el bienestar y la confianza de los ciudadanos. El funcionamiento deficiente de los poderes produce un alto costo social. El poder judicial en particular no debe dejar duda alguna de su plena independencia y desvinculación del ámbito político.

En asignaturas nodales, que constituyen el eje de las diversas problemáticas presentes en nuestra nación, y si queremos empezar un verdadero camino de recuperación, hay que salir de una vez por todas de la era del diagnóstico. Todos y cada uno de los habitantes de este

país sabemos que: la pobreza estructural, el narcotráfico, la creación de empleo, el cuidado de la vida, la crisis ambiental, la educación inclusiva, la inflación, la reivindicación de los adultos mayores y la protección absoluta de la niñez, son temas que se resuelven con políticas de estado más allá de la alternancia, entendiendo que los logros de cada período deben tener continuidad. La nación ya ha sido fundada, no se refunda ni cada cuatro ni cada ocho años.

Como comunidades creyentes podemos afirmar que la gloria de Dios es que el ser humano viva, es decir que se realice, que salga adelante, que crezca, que se desarrolle. Como hombres y mujeres de fe en el Dios Misericordioso, tenemos un compromiso profético en nuestro mundo de hoy. Nuestra tarea es ayudar a recordar que detrás de las cifras – a veces parecen preocupar sólo si suben demasiado-, y de las crisis, hay rostros, nombres e historias. Esto en una invitación permanente a poner en el centro de la acción social y política a las personas más desfavorecidas. Solo así será posible la amistad social y la fraternidad.

Monseñor Oscar Ojea, Presidente, Conferencia Episcopal Argentina (CEA)

Pastor Rubén Proietti, Presidente, Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA)

Pastor Néstor Míguez, Presidente, Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE)

Doctor Jorge Knoblovits, Presidente, Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA)

Sumer Noufouri, Presidente, Instituto Islam para la Paz

Respuesta a la carta del Presidente de la Nación Mauricio Macri

Buenos Aires, 8 de mayo de 2019

Sr. Presidente de la Nación Argentina

Ing. Mauricio Macri

S_/_D:

De nuestra consideración:

Hemos recibido con fecha del 6 de mayo del corriente año su carta con una invitación a acordar sobre ciertos puntos de consenso, mayormente referidos a cuestiones económicas.

En primer lugar, queremos reconocer positivamente el hecho de haber sido incluidos en esta convocatoria. Las iglesias evangélicas hemos sido ignoradas muchas veces cuando se han hecho llamamientos similares, y no deja de ser auspicioso que de esta manera se reconozca la pluralidad y diversidad religiosa en nuestro país. Es un camino que debemos seguir recorriendo hasta que se complete la plena libertad e igualdad religiosa.

También valoramos la búsqueda de consensos, puntos de partida comunes para la construcción de nuestro país. Sin embargo esos consensos no pueden ocultar que hay una pluralidad de enfoques posibles, intereses en pugna, situaciones sociales y culturales diversas que deben reflejarse en la amplitud de tales acuerdos. Insistir en que “hay un solo camino y es este” no permite luego elaborar un diálogo más fecundo. El primer punto de todo diálogo y consenso es establecer la agenda abierta de ese diálogo. Esperamos que ese diálogo se de y podamos participar del mismo.

Ya que se nos invita a expresarnos en torno de este posible acuerdo, aprovechamos para señalar nuestra posición, desde el Evangelio de Jesucristo, en torno de algunos de estos puntos, sin entrar en todos los detalles.

En cuanto a la legislación laboral y el sistema previsional, sin duda son perfectibles; la cuestión es la orientación con la cual han de modificarse. El Evangelio nos recuerda la dignidad de los trabajadores (1ª Timoteo 5:18) y el deber de cuidado de nuestros mayores (Levítico 19:32). Las recientes modificaciones legales en nuestro país y otros, por el contrario, han significado limitaciones de derechos laborales (que también son derechos humanos) y un perjuicio tanto económico como en otras prestaciones para nuestros mayores. Entendemos que toda reforma debe revertir esto y apuntar a mejorar la situación de nuestros trabajadores y las personas mayores.

En cuanto al respeto de leyes y contratos, por cierto que debe ser así. Pero desgraciadamente nuestro país conoce una lluvia de acusaciones cruzadas que revelan altos índices de corrupción, tanto en gobiernos anteriores como en el presente, que obligan a cuestionar la legitimidad de muchos de estos contratos y las modificaciones de las leyes por decretos de conveniencia.

Otro punto significativo es el décimo, el compromiso con los acreedores. Cabe recordar que hay una ineludible deuda social para con los sectores más postergados de nuestro pueblo. Nuestra primera deuda es con más de la mitad de los niños y niñas de nuestro país que viven en situación de pobreza y con necesidades básicas insatisfechas. No se puede pagar una deuda financiera con el hambre de nuestros niños y niñas: va contra toda ética evangélica, que por el contrario, reza por el “perdón de las deudas” y el camino de la gracia, tanto en lo espiritual como en lo económico (Deuteronomio 15:1-11).

Por lo demás, hay cuestiones técnicas o de política económica que son instrumentales y sobre las cuáles cabe diversidad de opiniones entre el pueblo evangélico. Lo que sí podemos reafirmar, a la luz del Evangelio, es que toda economía debe centrarse, no en el dinero (el apóstol Pablo nos recuerda que “el amor al dinero es la raíz de todos los males” –1 Timoteo 6:10– y que “la avaricia es idolatría”–Colosenses 3:5), sino en el ser humano, a quien Dios ama y en quienes se encarnó en Jesús, el Cristo, que se nos hace presente en los más débiles y vulnerables (Mateo 25:31-46). La  justicia de una nación se ve en cómo trata a los más humildes de sus habitantes.

Para nuestra fe bíblica el punto de partida es la acción de Dios mismo:

“El Señor hace justicia a los agraviados, y da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos; abre los ojos a los ciegos; Dios levanta a los caídos y ama a los justos. El Señor guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda sostiene, y trastorna el camino de los injustos” (Salmo 146: 7-9).

Le saludamos atentamente

Por la Junta Directiva de FAIE

Anibal Vassalli                   Néstor Míguez

Secretario                            Presidente

“El ayuno, para muchos no es un acto de piedad, sino algo obligado”: Mensaje de cuaresma y Pascua de Resurrección

faie-logoBuenos Aires, en la Cuaresma de 2019

Cuaresma y Pascua, pasión y resurrección de Jesús, son fechas centrales en la tradición cristiana. La cuaresma es el tiempo de reflexión, de arrepentimiento, tiempo de oración y ayuno para muchas confesiones cristianas. La pasión nos recuerda el tiempo del escarnio y la cruz de Cristo, y la Resurrección es la afirmación de la esperanza, del Dios de la vida.

Nuestro pueblo argentino hoy pasa por estos momentos. Solo que el ayuno de cuaresma, para muchos, no es un acto de piedad sino el hambre obligado por una realidad económica que ha beneficiado a pocos en detrimento de los muchos, aumentando la pobreza, especialmente entre los niños y niñas de nuestro país. Es, sin duda, tiempo de arrepentimiento, cuando nos hemos dejado llevar por el odio, el prejuicio, las mentiras y las injusticias. Tiempo de reflexión, para que pensemos modos de vida distintos, que se muestren en el cuidado y la solidaridad con los más vulnerables, en palabras bíblicas, con “el huérfano, la viuda, el pobre y el extranjero”. Tiempo de reflexión también para nuestras iglesias cristianas, especialmente muchas de las iglesias evangélicas, donde el dogmatismo, la exaltación de nombres personales y la tentación del poder y el dinero parecen superponerse a la humildad y servicio al que nos llama nuestro Señor.

En esta Pascua se levantan muchas cruces de sacrificios: son sacrificados los ancianos con jubilaciones y pensiones de miseria, los y las trabajadores despedidos y desocupados, las mujeres que sufren violencia. La agresión, en la calle, en los medios de comunicación y aún en los hogares, está a la orden del día. Una corrupción que invade todos los signos políticos y aún los tribunales, sacrifica, junto con la ética, la vida democrática, la libertad y la justicia que tanto costó y anhelamos. No son la cruz de la redención sino la artera cruz del escarnio. Son sacrificios, no de la piedad de la fe, sino imposiciones de los dioses de la codicia, de la ambición, de la insensibilidad que no busca salvar a un pueblo, sino que lo hunde en la desesperanza. Es una Pascua dolorosa, invadida de desaliento y tristeza, con todos los signos de la muerte.

Pero también es tiempo de resurrección. Pero no habrá resurrección si ponemos en lugar de Dios al egoísmo, al individualismo, si tomamos por dios al ídolo del mercado, si creemos que nos salvará el dinero de la especulación. El Dios que es capaz de resucitar a nuestro pueblo es el Dios que es amor: el Dios que proclama buenas nuevas a los pobres, que anuncia la justicia, el Dios de la solidaridad que hermana. Es el Dios que no pide sacrificios mas se goza en la misericordia. Un Dios que no se impone desde el grito y la amenaza, sino que llama, a quienes somos creyentes y a quienes no, a vivir en paz y respetarnos mutuamente en nuestra dignidad humana. Es la esperanza compartida, el Dios que nos hace pueblo, el Dios de la vida plena.

Por la Junta Directiva de FAIE

Néstor O. Míguez
Presidente

Ana María Velilla de De Medio
Secretaria

Dolor ante el fallecimiento de María Isabel Chorobik “Chicha” Mariani

Buenos Aires, 21 de agosto de 2018

A la familia de María Isabel Chorobik de Mariani, “Chicha”

A las “Abuelas de Plaza de Mayo”, compañeras de su lucha

A los organismos de Derechos Humanos

Al pueblo argentino

 

Al enterarnos del fallecimiento de “Chicha” Mariani, incansable luchadora por los derechos humanos, la dignidad y la identidad de las personas, queremos expresar a su familia y a toda la comunidad argentina, nuestro acompañamiento en este momento de su partida.

Su larga vida estuvo signada, por más de cuarenta años, por la marca del dolor, pero también con el fuego de la constancia y la esperanza. Esa dignidad por la que luchaba fue también su emblema y manera de ser. Su ser solidario la llevó a salir de su propio drama para ofrecerse en una lucha y búsqueda conjunta, para trasmitir al pueblo de nuestro país ese soplo de justicia que tanto seguimos anhelando. Fue bandera y ejemplo que perdura más allá de su presencia física entre nosotros. Su legado no ha de perderse, ni aún en medio de las dificultades que actualmente nos acosan.

Como personas de fe sostenemos que “no hay amor que se pierda en este mundo”, y que lo que “Chicha” es y representa, y que se inscribe en una larga y honrosa lista de seres humanos que se dan totalmente por su prójimo, no queda vacío. “La fe, la esperanza y el amor perduran para siempre, y el mayor de ellos es el amor” (San Pablo, 1ª Corintios 13, 13). Chicha fue ejemplo visible de esta verdad.

Les saludamos respetuosamente y acompañamos en la esperanza,

 

Ana M. de De Medio                                                     Néstor O. Míguez

Secretaria                                                                         Presidente

 

FAIE exhorta fraternalmente a “hermanos y hermanas de ACIERA”

 

Buenos Aires, 16 de agosto de 2018

Exhortación fraterna a nuestros hermanos y hermanas de ACIERA

De nuestra fraternal estima,

Cuando se inicia ACIERA (1982), nuestra Federación ya tenía más de 40 años de vida institucional y una larga historia y presencia en el país trabajando por la unidad de los creyentes, y había intervenido directa o indirectamente en muchas causas y situaciones que afectan el testimonio evangélico en nuestro país. No es secreto para nadie que nuestra Federación y ACIERA manifestaron distintas opciones y trayectorias desde su inicio, sea por su posicionamiento en lo social y político, en temas referidos a derechos humanos, así como en las convicciones ecuménicas. Tampoco se nos oculta que muchas iglesias evangélicas, sea por razones estatutarias (la Federación no admitía congregaciones independientes) o por convicción teológica, no encontraron lugar en FAIE y sí lo hallaron en ACIERA. También reconocemos que hoy ACIERA incluye una porción mayoritaria de las iglesias evangélicas. Y sabemos que algunas de las denominaciones que hoy integran ACIERA se desafiliaron de FAIE por discusiones de índole doctrinal o ética, así como hay denominaciones que mantienen una doble afiliación.

Estas diferencias crearon situaciones de mucha tensión y desconfianza, e incluso acusaciones cruzadas entre sus líderes en algunas oportunidades. No obstante, hubo momentos de mayor acercamiento y diálogo entre ambas federaciones, en búsqueda de un mutuo reconocimiento y para actuar conjuntamente frente a diversas situaciones. Actualmente seguimos juntas en la Mesa Consultiva, en vista de una posible nueva Ley de Libertad Religiosa. Y si bien en este aspecto tenemos diferencia de matices, hemos logrado cierto consenso. No fue así en el caso de la presentación ante la Suprema Corte de Justicia por el caso de educación religiosa en las escuelas públicas en Salta –que era otro de los temas acordados en la Mesa Consultiva– donde la FAIE defendió la laicidad de la escuela pública, mientras ACIERA no se presentó en las audiencias.

No viene al caso historiar todos los acuerdos y las diferencias, pasadas y recientes. Ello habla, entre otras cosas, de la pluralidad de lecturas que hacemos tanto de los textos bíblicos como de lo que significa la herencia evangélica y las formas de ser iglesia y dar testimonio en nuestra sociedad. Estas diferencias recientemente se han manifestado más claramente en los temas que hacen a la sexualidad y la concepción. ACIERA ha fijado en estos casos una cierta postura y lectura de los textos y doctrina, y manifestado públicamente de manera explícita. No pretendemos desmentir ni censurar dicha postura ni el derecho de organizar públicamente sus demostraciones. FAIE, por su lado, no ha hecho algo similar, ni en un sentido ni en otro, pues tenemos claridad de que dentro del mismo pueblo evangélico hay diversidad, y que no existe un “magisterio”, al modo católico, que diga para todos y para siempre cual debe ser nuestra comprensión de estos o cualquier otro tema controversial.

Es por ello que, con espíritu fraterno, les dirigimos esta carta: en sus declaraciones y en boca de su líderes, en sus manifestaciones públicas,  ACIERA ha expresado “la postura de las iglesias evangélicas”, como totalidad y sin matices, y sin aclarar que también hay otras interpretaciones. Hemos sentido que ello constituye un desconocimiento hacia quienes, participando de la misma fe, sin embargo tienen otras comprensiones en estos temas (y otros). Nadie, aunque tenga amplio respaldo en números, tiene el derecho ni el permiso de expresarse en nombre del “pueblo evangélico de la Argentina”, pues esto constituye un desmentido a la misma tradición evangélica de libre interpretación de las Escrituras, de la libertad del creyente, y del sacerdocio universal, que no admite jerarquías. Menos todavía que esto sea usado para compromisos políticos en el sentido de a quien se debe o no votar en las próximas elecciones, según hayan respondido o no a esta posición de fe, como vemos que se está haciendo. Ello constituiría un retorno a un concepto de cristiandad política, que fue justamente lo que enfrentó la Reforma.

No tenemos problemas en conversar sobre estos temas, acordar o disentir con respeto y amor, escucharnos mutuamente en estas cuestiones y enriquecernos unos a otros en un diálogo comprensivo. Pero es lastimoso, y no ayuda a nuestro testimonio, que haya que salir a desmentir estas expresiones autoritarias por parte de quienes queremos que se respete la diversidad y pluralidad de nuestro sentir evangélico, acordemos o no con una u otras miradas. Y así como nos duele que se use el singular “la Iglesia” para referirse a la Iglesia Católica Romana, como si fuera la única en nuestro país, también es injusto que se desconozca la pluralidad existente en el propio pueblo evangélico con respecto a diferentes temas controversiales, y que algunos se adjudiquen el derecho de representar a una totalidad que no reconozca que hay otros creyentes que piensan, sienten y actúan con otras interpretaciones de nuestra fe y de la Palabra de Dios.

Es como afirmación de nuestro diálogo y respeto que les expresamos nuestro sentir.

Les saludamos fraternalmente en el amor de Cristo

 

 

Ana V. de De Medio                                                             Néstor O. Míguez

Secretaria                                                                             Presidente

Aprobado por Junta directiva el 15 de agosto de 2018.